Trabajo en la mina
Aquella madrugada Bartolina se esmeró más que los otros días y preparó algo especial de comer para su esposo y su hijo adolescente. No había amanecido aún cuando salieron para la mina, y en el solsticio de invierno el frío aprieta muy duro en el altiplano. Los miró alejarse y una dulce alegría mezclada con orgullo inundó su corazón. Juan, su muchacho, ese día cumplía catorce años y hacía justo un mes que había comenzado a trabajar en la mina. Después ella realizó algunas pequeñas tareas pendientes, cuando una repentina indisposición hizo que decidiera quedarse en casa. Al caer la tarde comenzó a escuchar los petardos y las dinamitas del festejo que se extendieron por horas hasta el amanecer...
Muchos años después, frente a una mesa servida que parece seguir esperando a los que no volvieron, en su infinita soledad, Bartolina continúa tratando de recordar en qué momento las explosiones de las dinamitas comenzaron a confundirse con los disparos de los fusiles, aquella triste Noche de San Juan.

bueno, me gusto
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